
Después de meses de una guerra inútil e inexplicable, después de muertes de civiles inocentes, de millones de dólares invertidos en el dolor y la arrogancia, esta semana en Versalles, con los líderes del G-7 como testigos, Irán y Estados Unidos firmaron un histórico acuerdo que los persas, con sobradas razones, consideran todo un triunfo.
Se trata de un memorando de «entendimiento» que contempla 14 puntos para establecer un alto al fuego permanente en el Medio Oriente, es decir, extendido hasta el Líbano. En el texto Washington levanta las sanciones que pesaban sobre Irán y, a cambio, Teherán se compromete a abrir plenamente el estrecho de Ormuz. Sin embargo, en el documento EEUU acuerda compensar a los iraníes con 300 mil millones de dólares por los daños ocasionados por sus bombardeos, mientras solo recibe la reapertura de un canal que estaba perfectamente abierto antes de su aventura bélica.
De tal forma que la administración Trump emprendió una guerra que aseguró solo terminaría con la rendición total e incondicional de Irán, para conseguir absolutamente nada a cambio tras meses de conflicto.
Entre las cosas que Washington aspiraba a conseguir con su guerra «preventiva» contra Irán era el cambio del régimen teocrático, y aunque acabó con la vida del Ayatola Khameni, el régimen no hizo sino fortalecerse y las protestas en contra de las autoridades cesaron y se apagaron.
En Teherán celebran el alivio financiero que representa el levantamiento de las sanciones estadounidenses y de la ONU, lo que le permitirá la liberación de activos congelados durante décadas.
Ahora comienza un período de 60 días para la firma del acuerdo de paz definitivo entre ambas naciones, pero a todas luces y a pesar de los daños materiales y humanos que fueron causados por EEUU a Irán, son los persas los que pueden celebrar, pues han conseguido un acuerdo que los resarce material y políticamente y, sobretodo, han demostrado al mundo que ni su vecino Israel, ni su incondicional aliado: Estados Unidos, pudieron doblegarlos. Con razón es famosa la especie que asegura que Irán no gana guerras pero jamás pierde una negociación.
El resto de las naciones también celebra el acuerdo y espera que traiga el ansiado alivio a la economía global, afectada innecesaria e inútilmente por el aumento de los precios del petróleo y el gas, así como por la reducción en la oferta de fertilizantes para la agricultura.
