Sin la reforma a la Ley de Hidrocarburos no es posible conseguir la inversión para la explotación petrolera
«¿De qué nos sirven 360 mil millones de barriles de petróleo bajo la tierra? ¡De nada! Si los extraes se transforman en hospitales, escuelas, etc». Así de claro, simple y tajante fue el presidente de la Asamblea Nacional, diputado Jorge Rodríguez, ante una reunión con un grupo de empresarios que fue presidida por la Jefe del Estado (e) Delcy Rodríguez.
El presidente del Parlamento estimó que para elevar la producción petrolera de Venezuela a un poco más de cinco millones de barriles diarios es necesaria una inversión promedio de 50 mil millones de dólares: «Si alguien los tiene, que nos los presten, si no déjennos reformar la Ley» dijo, no para eliminar las regalías, sino para generar la confianza jurídica requerida para que los inversionistas vengan a participar.
La Presidenta Encargada comenzó la reunión alegando que Venezuela debe pasar de ser el país con mayores reservas probadas de crudo a convertirse en uno de los mayores productores de petróleo a nivel mundial “al igual que Rusia, Estados Unidos, Arabia Saudita”.
Las reformas a la Ley de Hidrocarburos tendrían la capacidad de atraer los recursos que se necesitan para alcanzar la meta de incrementar la producción de petróleo y por eso resultaba imperiosa su adecuación.
Venezuela, durante un arduo trabajo de certificación internacional, logró estimar sus reservas probadas de crudo de la Faja del Orinoco y comprobar que efectivamente somos la nación que más oro negro posee bajo su subsuelo. Pero es necesaria la inyección de recursos y tecnología de punta para aprovecharlas y convertirnos no solo en la nación con más reservas sino en la nación que más produce.
Las grandes compañías petroleras esperan las garantías jurídicas suficientes para venir a participar en la misión de extraer el petróleo, el activo o materia prima que todavía mueve la economía global.