
La nueva aventura imperial en Medio Oriente ha desatado todos los temores sobre una crisis energética global. El ataque el pasado fin de semana que Estados Unidos e Israel encabezaran contra la República Islámica de Irán y que causó la muerte de su máximo líder el Ayatola Alí Jamanei, abre las puertas a una era de incertidumbre en el mercado petrolero internacional.
Como era de esperarse, Irán, ejerciendo su derecho a la defensa, respondió a los ataques bombardeando los intereses norteamericanos e israelíes en los países vecinos. ¿El resultado? Un ambiente bélico que promete instalarse en el Medio Oriente para rato y en lo inmediato el cierre por parte de la nación persa del estratégico estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo global.
Pero esto, que a todas luces es una tragedia para la humanidad, es también una oportunidad para Venezuela, pues la industria petrolera venezolana, según expertos en la materia, está en capacidad de ayudar «a estabilizar energéticamente» el mercado, lo que a su vez convierte al país en el blanco estratégico y geopolítico para las inversiones internacionales en la materia.
Y es que al atractivo de poseer las más grandes reservas petroleras del mundo, se le añade la enorme ventaja de contar con una ubicación geográfica envidiable.
«Estos inversores principalmente norteamericanos, europeos y asiáticos, tocarán “la puerta al único país del planeta que es capaz de estabilizar energéticamente, en el futuro inmediato (…) Están haciendo una apuesta hacia el futuro porque el futuro y la geopolítica actual nos dicen que vienen más conflictos», aseveró el economista y experto petrolero Leonardo Buniak.
Para Buniak, la reforma a la Ley de Hidrocarburos permite que está premisa de inversión, producción y exportación petrolera en Venezuela se potencie exponencialmente.
No queda claro si EEUU e Israel midieron con exactitud las consecuencias de su nueva «travesura» imperial, tampoco queda claro si la postura de Europa y del resto del mundo será como la de Pedro Sánchez, jefe de Gobierno de España, o como Keir Stamer, el primer ministro de Inglaterra, lo que sí es cierto es que se desató una guerra que no parece ser breve y que no promete terminar bien para ningún bando, incluso para los neutrales.
