Venezuelay su “destino manifiesto”

79/81. “Chomsky tiene razón cuando afirma que el belicismo contemporáneo no se debe a diferencias ideológicas o culturales, sino a los intereses imperialistas de los EEUU. Las estimaciones de las reservas petroleras del Medio Oriente son parte de una conseja norteamericana para extender su poder imperial hasta los lugares en donde el petróleo, como en Venezuela, no es siempre cálculo estadístico sino realidad tangible. ¿Qué no harán o dejarán de hacer los EEUU para garantizar la explotación del petróleo venezolano? Cualquier cosa, pues ellos dependen de nuestra riqueza y nosotros no podríamos defenderla sin sacrificios y dolores intolerables ¿Se podría llegar a un entendimiento que no nos conduzca a la explotación por disponer de tanta riqueza?”
José Manuel Delgado Ocando

Estas son las conclusiones de un sabio, que en el 2007, profundizó sobre las reflexiones de su padre de hace 70 años, un hombre que él identificaba como «un obrero que leyó mucho».

Ahora bien, resulta que hoy en pleno 2025, las intenciones que siempre estuvieron solapadas, disfrazadas con retórica social, política e incluso legal, fueron expuestas desde el más alto nivel del Ejecutivo Norteamericano.

Ahora queremos saber el desenlace que está en el horizonte, pues la ruleta de los intereses está girando. A diferencia de Palestina, donde un genocidio sólo comparable con el perpetrado por los Nazis, a los hoy victimarios del Medio Oriente, le ha resultado indiferente a muchos que no han visto sus intereses amenazados allí.
Venezuela es y será tierra fértil para la inversión y los que buscan expandir sus fronteras comerciales y geopolíticas; no por nada China plantea que la ruta de la seda termina en nuestro suelo. Moscú por su parte, a diferencia de su historia con Cuba, plantea un nuevo capítulo en ella, con un aliado autosustentable que facilita y apoya su presencia en la región, que refuerza el escenario de un mundo multipolar.
Y aún le falta al Megalómano enfrentarse al establishment, el mismo que le dio de baja a Kennedy, forzó la renuncia de Nixon y le arruinó la vida a Clinton, el mismo que está viendo amenazados sus intereses, esos, los económicos que son los únicos que les resultan importantes, y que ven en la distancia que puede perderse demasiado del trabajo realizado en más de cien años y los rendimientos de los próximos cien, por los caprichos desesperados de un advenedizo a la Casa Blanca, que busca «escribir su nombre en la historia» con sangre, sudor y lágrimas extranjeras, en solo tres años.
Ellos tienen más en juego que nosotros, pues lo han tenido todo y esta situación plantea un riesgo incalculable e inusitado a sus intereses, así que el verdadero problema que tiene Mr. Trump, es con el propio sistema que él considera debe ser reorganizado, y es allí donde está el error de cálculo del apostador de New York y casinero de Atlantic City, arriesgándose así a ser abandonado por la suerte en plena jugada del destino.

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