2025: El derecho internacional a prueba de fuego

Cuando entramos al último mes del año, vale la pena reflexionar sobre la terrible suerte que han corrido las leyes, la justicia internacional y el sistema multilateral encargado de velar por ellas.

2025 será definitivamente un año para el olvido tanto para la paz como para los mecanismos encargados de hacerla realidad y de vigilar los Derechos Humanos en el planeta, pues como nunca todos fueron vulnerados, ignorados o burlados sin que quienes tienen la tarea de evitarlo se hayan molestado siquiera en intentarlo.

Estados Unidos e Israel han bombardeado sin razón, sin lógica y sin piedad pueblos y naciones. Naciones Unidas ha levantado su voz, pero no ha hecho nada más para evitarlo.

La Corte Penal emitió orden de captura contra Benjamin Natanyahu que sigue sin hacerse efectiva.

El odio, la guerra, el terror y la muerte se han impuesto al diálogo y al consenso como mecanismos de resolución de los conflictos. Gaza no es más un espacio para vivir, es territorio arrasado, que en delirios aún más inconcebibles de la Casa Blanca, aspiran a convertir en un «casino» privado.

La paz también ha sido esquiva para Ucrania en donde los acuerdos de cese al fuego van y vienen sin que se concrete un armisticio elegante entre las partes. Y como si no fuera suficiente, el año concluye con nuevas amenazas en su último trimestre. Es decir, como si no fuera poco Medio Oriente, Yemen e Irán, ahora las amenazas se ciernen sobre el pacífico Caribe, en donde, violando todo protocolo o código civilizado, y a la vieja usanza del siglo XX, anacrónico por estos días, se planteen intervenciones, injerencias groseras o invasiones desfasadas, especialmente sobre un territorio que históricamente ha servido de plataforma para la solidaridad y la libertad.

No cabe duda de que se necesitan instituciones internacionales aún más sólidas, se necesitan contrapesos legales y culturales aún más fuertes para evitar que arbitrariedades como estas, antojos despóticos como estos, se sigan repitiendo a lo largo de la historia. La humanidad necesita aprender de sus errores. Necesita, con urgencia, superar viejas estrategias y aproximarse al futuro con la óptica de un nuevo orden, que no puede ser asesinado a bombazos, ni detenido a capricho, porque la historia demora en ajustarse, pero siempre, de una forma u otra, lo consigue.

Blindar el camino de derechos progresivos e irrenunciables a los seres humanos y sus sociedades, a los pueblos y sus naciones es una tarea impostergable de la ciencia jurídica y aunque no sea justo lo que ahora ocurre -ni lo que ha ocurrido -, y aunque 2025 no sea un buen ejemplo, gracias al retroceso que Trump y Netanyahu se han empeñado en meterle altema, si algo es seguro es que no será por mucho tiempo y que la lógica de la paz y la justicia se impondrá.

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